Por Mauricio Gómez

Si nos preguntamos hoy ¿Qué figuras del canto vallenato enmarcan la verdadera esencia del género? De seguro las respuestas serán Diomedes Díaz, Jorge Oñate y Poncho Zuleta. Quizá puede ser cierto, pero al entender las raíces del folclore, génesis e historia, tendríamos que responder de manera distinta. Mostrar los verdaderos creadores del género, analfabetas, serviles y campesinos, con melodías primitivas y propias de sus capacidades para el naciente género. Ese tendría que ser el vallenato “clásico, tradicional grueso”.

Gilberto Alejandro Durán Díaz -Alejo Duran-, Juancho Polo Valencia, Emiliano Zuleta, Calixto Ochoa, Abel Antonio, serían solo por mencionar alguno de los nombres que responderían la pregunta inicial. Pero la polémica del afán en regresar a las raíces no es nueva en la música de acordeón; por el contrario, en los años que Díaz, Oñate y Zuleta eran “los nuevos” también se pedía lo mismo, regresar al vallenato tradicional y original.

Cada generación trae consigo una evolución del género. Pasa con todos, desde el rock hasta la salsa. Incluso, aquellos géneros que se niegan dar el salto generacional terminan por desaparecer, por ejemplo, el bolero, y en menor medida se podría decir que la ranchera. La generación de la cual hago mención al principio del texto, impregno el vallenato de romanticismo, instrumentación y la posibilidad de ser música bailable, que hasta entonces era música de parrandas, de patios, taburetes y sancochos.

A mediados del siglo pasado, la música de acordeón fue un género en esencia narrativo, donde el compositor contaba las vivencias cotidianas mediante textos cortos y melodías repetitivas “El hombre que trabaja y bebe Déjenlo goza’ la vida y que eso es lo que se lleva si tarde o temprano muere…” Casi siempre usaron la primera persona y de forma objetiva.

Dicho esto, el vallenato como género musical autóctono de pueblos y provincias del caribe colombiano, conservó hasta esa época una forma muy propia del su entorno. Campesinos en su mayoría, escasos de estudios musicales y distantes de la  academia. Cuenta el maestro Adolfo Pacheco que no se usaba el acordeón al pecho, sino que se ejecutaba apoyado en los muslos del instrumentista quien también era interprete, es decir, cantaba y tocaba a la vez.

Mencionar todo esto, para poder expresar que el vallenato no siempre fue el mismo y que solo hasta los años sesenta, un nuevo grupo de compositores, en cabeza de Gustavo Gutiérrez, Marciano Martínez, etc., comienzan con una forma mucha más lírica y con melodías mucho más cargadas, abandonan los tres acordes tradicionales que el vallenato manejaba en su composición. Gustavo Gutiérrez, quien cambiaría el rumbo del canto vallenato con sus melodías, enmarcando emociones llenas de subjetividad, con letras menos tradicionales y más cercanas a la poesía; nos regaló, el que sería quizás hasta el día de hoy, el coro más recordado de toda la música vallenata. “Es muy triste recordar momentos felices de un cariño que sangró mi corazón, llegó la hora de partir sin medir distancias y ni sombra quedará de aquel amor”.

Como todo cambio a lo largo de la historia, se necesitó de todo un movimiento para poder efectuarse. Romualdo Brito, Fernando Meneses, Hernando Marín y la lista sigue ya que es imposible mencionar a todos los compositores. Lo cierto es que fue una época de cambio que permitió que el género saliera de los pueblos y las provincias. Además, que fuera protagonista en las grandes ciudades y el género más escuchado en todo el país hasta el día de hoy.

En la década de los dos mil aparecía un nuevo cambio en estructura y letra del vallenato –La nueva Ola-.  Sin prosperar, hasta el día de hoy, se registra solo con un intento de hacer algo nuevo, se reclama volver a las raíces y a lo tradicional. Para terminar, cabe resaltar que todos los géneros del mundo llevan consigo un cambio con la generación que los acompaña, es la forma que tiene de subsistir en el tiempo. El hombre se parece más a su tiempo que a su padre.

En una actualidad en constante cambio y en la naciente década con la inmediatez de las redes sociales, la virtualidad, el confinamiento, el coexistir de la virtualidad y realidad, sociedades guiadas por las tendencias. Solo queda preguntarnos:

 ¿Cuál será el cambio que traerá esta década?