Por Kevin Andrés Ruiz Bossio 

Estudiante de Relaciones Internacionales y fotógrafo

¿Existe la violencia de género? ¿Cuál es el rol actual de la mujer y el hombre en la sociedad? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Es la mujer objeto de consumo? ¿Se minimizan las luchas? ¿Está la radicalización justificada? ¿Afecta de alguna forma ser un/a verdadero/a “mujer/hombre”?

Estas y otras preguntas más específicas han sido razón de luchas constantes a través de la historia y que nos colocan en una posición de abstracción sobre la realidad de nuestras costumbres y realidades sociales.

Los conflictos por la igualdad, la normalidad de los roles de género y la sexualidad han estado y seguirán estando en boca de muchas personas durante mucho tiempo, ya sea por una lucha política, una cuestión de privilegios o quizá por mera conveniencia particular. Lo que sí es cierto es que no podemos ignorarlo, más ahora que las nuevas generaciones tenemos acceso a una biblioteca de información casi que infinita y estamos involucrados por todos lados en los asuntos de nuestras comunidades. Dicho esto, demos respuesta a las interrogantes antes planteadas.

¿Cuál es el rol de la mujer y el hombre en la sociedad?

A través de la historia los roles han estado determinados por ciertas ideologías y creencias que limitan a unos e idolatran o privilegian inmensamente al otro. En el caso de las mujeres se dice que ellas mismas eran culpables de su destino por su naturaleza débil. Esto hace referencia a la menstruación y la incapacidad de la mujer para colaborar con tareas que requerían de un esfuerzo físico intenso, ya que cada mes se veían reducidas a ser un ama de casa. Con el tiempo esta creencia se perpetúa a través de la religión y la mujer es encerrada en el hogar siendo objetivizada por el hombre, que en tiempos antiguos eran tratadas bajo tendencias esclavistas y eran designadas para cocinar, tejer, lavar y satisfacer las necesidades de sus esposos.

Hasta el día de hoy hemos visto que la situación ha mejorado poco a poco, pero seguimos bajo sesgos que limitan a las mujeres y las ponen en una situación desventajosa, inclusive teniendo en cuenta que han podido tener un lugar en lo político.

Al menos Colombia es un país machista y desde niños se les inculcan ciertos comportamientos e ideas que los condicionan negativamente cuando grandes: “Tienes que verte femenina”, “Tienes que irte preparando para cuando tengas tu marido y le tengas que hacer la comida”, “Si ella dice que no se hace la difícil”, “No te estés juntando con tanto/a niño/a, te vas a volver homosexual”. Estas y otras creencias de nuestra cultura han impedido que muchas personas se desarrollen libremente y hayan determinado inconscientemente cerrar sus mentes a lo que se supone que es lo correcto, aceptando maltratos, justificando violaciones, no metiéndose donde hay una pelea, dejando amistades y reprimiendo sentimientos. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta:

¿Afecta de alguna forma ser un/a verdadero/a “mujer/hombre”?

Completamente.

La masculinidad y la feminidad aceptadas son un veneno para todas las personas que no se las cuestionan. La vida de una mujer se reduce a: nacer, crecer, aprender a cocinar, tejer, lavar, tener hijos, olvidarte de tus aspiraciones a largo plazo, satisfacer a tu marido, envejecer y morir. Y la de un hombre: nacer, crecer, aprender que los hombres no lloran, arreglar aparatos y tener una caja de herramientas, estudiar, ser un “galán”, conseguir una mujer, casarte, tener hijos, envejecer y morir.

Como sociedad debemos replantearnos ciertas cosas que, hasta el día de hoy, si las analizamos, suenan de lo más estúpido: asignamos género a colores, olores, objetos; vemos que si un hombre tiene muchas mujeres es un don Juan, pero si una mujer tiene más de un hombre es una p*ta y se castiga a quienes rompen estos estereotipos o se desvían de lo “correcto” a través de todo tipo de violencia.

¿Existe la violencia de género?

En efecto, la mayoría de los sucesos de este tipo de violencia ocurren dentro de los hogares y mucha gente, conocedora de casos, no se entrometerá por la creencia de que cada quién con cada quién se entenderán, hasta el momento en el que alguno de los dos termina muerto.

Desde pequeños nos enseñaron que la mujer es débil, frágil y no se le debe castigar ni con el pétalo de una rosa, la verdad es que nadie debe ser violentado, la violencia permite asegurar un orden temporal, pero nunca se prolongará en el tiempo, es completamente cierto que la violencia sólo genera más violencia.

Dicho esto, podemos ver que, si bien las estadísticas nos muestran que los hombres mueren más a manos de otros hombres, no se puede descartar que es por muchos otros asuntos que por el mero hecho de ser mujeres. El sesgo de que son más débiles y deben rendir cuentas impulsan a los más cobardes a imponerse de manera violenta, cosa que de seguro no harían frente a otro hombre. Esta ideología también afecta a las mujeres, que llegan a sentirse enteramente inferiores e intimidadas, razones válidas por supuesto, pero están en capacidad para hacer daño de igual forma.

¿Se minimizan las luchas?

A lo largo de los intentos por la igualdad, es claro que muchas personas, tanto mujeres como hombres, unas porque creen que es lo justo y correcto, otros porque piensan que sólo es drama e histeria femenina, se han minimizado las luchas, ya sea de manera consciente o inconsciente con excusas tales como: “a los hombres también nos matan”, “él me pega porque me quiere”, “son unas dramáticas sin oficio y vándalos”, “hay otros problemas más importantes y sólo hacen drama”.

Es cierto, hay muchos otros problemas en el mundo y dado que la lucha feminista se ha vuelto una lucha moralista por ver quién es el más correcto, se deben siempre analizar las afirmaciones que se hacen al respecto y saber que para resolver problemas generales debemos empezar por los más específicos. Es cierto que como dije anteriormente, la mayoría de los asesinatos ocurren entre hombres, pero no es por el hecho de ser hombres que son violentados o asesinados, puede ser por razones como: guerra de pandillas, peleas de borrachos, bajo el efecto de las drogas, pero una mujer también se puede ver involucrada en este tipo de conflictos, a lo que hago referencia es que por ser vistas como frágiles, es mucho más propenso abalanzarse contra ellas porque no se defenderán, porque se mantendrán calladas o porque simplemente tengo el derecho de agredirle por ser mujer.

También se ve el hostigamiento y los abusos, aparte de salir y tener miedo por la inseguridad de la ciudad, las mujeres deben tener la precaución de que nadie las siga, se les suma otro terror más que es el ser violadas y asesinadas a manos de quienes pueden ser hasta sus vecinos o cualquier otro desconocido que potencialmente pueda representar una amenaza. Aquí nace la frase de: “no sé por qué deberías tenerme miedo, no todos los hombres somos iguales”, y sí, muchas lo entienden, pero es un poco tonto reconocer algo que en ti mismo sabes que no eres, intentando llamar la atención e intentando defender una idea que no te identifica como persona porque no eres ese tipo de hombre.

Sumado a eso, es muy complicado por no decir imposible, saber quién te hará daño y quién no, nuestros círculos sociales están constituidos tanto por mujeres como por hombres y no podrían ellas saber en quién confiar, lo que hace que no puedan socializar de manera sana y desconfían de todo/as, hasta de sus mejores amigos y es por ello que buscan llevar y dar a conocer la lucha dándole una visibilidad que muchos podrían llamar exagerada, por lo que surge lo siguiente:

¿Está la radicalización justificada?

Para poder entender la radical posición de las deconstrucciones y la lucha feminista debemos primero desaprender ciertas costumbres o comportamientos que dábamos por hechos como lo correcto, habitualmente nos vemos sesgados por la normalidad bajo la que vivimos, pero la realidad de las mujeres es muy diferente, se sienten desprotegidas y a pesar de no ser específicamente las que luchan las que son asesinadas, ellas revolucionan para que las demás tanto en el presente como en el futuro puedan vivir sin miedo y en igualdad de condiciones. Lo que sí no es justificable es la ideología de supremacía femenina que rompe directamente con la intención de la igualdad de condiciones para todos y todas. Pero es completamente comprensible, que luego de siglos y siglos de opresión se llame a la revolución, después de todo, nuestra historia está llena de revelaciones y sublevaciones, por lo tanto, debemos entender este caso, a rasgos generales como necesario y parte de nuestra evolución como seres humanos.

¿Es la mujer objeto de consumo?

Dado lo dicho anteriormente sobre el machismo y ver la mujer como el sexo débil que debe rendir cuentas al hombre, pues naturalmente, han caído y se han visto reducidas a un objeto sexual y orgánico a disposición de los gustos de cada quién. Con la nueva era de la tecnología, muchas mujeres han tenido más acceso a la información y han podido ilustrarse para empoderarse, pero al mismo tiempo se han retrocedido varios pasos.

La llegada de las redes sociales ha destapado problemáticas que vienen de mucho tiempo atrás con respecto a la objetivización de la mujer y esta misma herramienta ha sido el medio por el cual se ha dado marcha atrás. Muchos hombres respetan a las mujeres que les parecen bonitas (aunque muchos son enfermos que hacen cosas peores) y desprecian a las que no, irrespetándolas y haciéndolas sentir mal por no cumplir con su deseo de tener un cuerpo o una cara perfectas. Se refuerzan los estereotipos, y se culpa a las mismas mujeres por su tragedia, cuando somos nosotros a través de nuestro castigo social quienes les imponemos modas y las queremos “guapas”.

Si de verdad respetamos a una persona debemos procurar por su bienestar y su libertad, está mal andar juzgando que esta persona es gorda, que tiene el cabello feo o que simplemente su color de piel no es agradable. Tenemos una responsabilidad con respecto a lo que decimos y hacemos a otras personas. Si someto a una persona a mi idealización de lo que debe ser correcto se vuelve objeto, y de un objeto no puedo esperar recibir afecto o respeto.

Obviamente dejo varias cosas por fuera, pero quizá lo publique en otra ocasión.