“La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada ser humano, pero no la de su codicia”, Gandhi.

Por Álvaro Morales de León

Cada cierto tiempo se remueven en Cartagena los “Carteles del escombro”, organizaciones delictivas dedicadas rellenar y robarles espacio a los cuerpos internos de agua, y contra los que han abundando más las palabras y amenazas que las verdaderas acciones condenatorias y correctivas.

Para contrarrestar este delito se creó en Cartagena, no preciso cuando, un tal “Ecobloque”, el que me recuerda lo que en cierta ocasión escuché de un israelí acerca del rendimiento del trabajo al considerarlo inversamente proporcional al número de personas que intervenían en una obra; y esto es más que cierto; para ello recordemos a los operarios de las antiguas Empresas Públicas Municipales de Cartagena.

En tanto, los resultados del “Ecobloque”, que desde hace muchos años viene consumiendo burocracia del gobierno distrital de Cartagena, y que está constituido por entidades con poca gestión, como el EPA, Cardique, la Procuraduría Delegada Ambiental, La Armada Nacional, la Policía Metropolitana y las tres alcaldías locales, nunca podrán ser otros que el de un escuadrón con más nombre que acción, sobre todo, cuando los “intocables” manglares y constructores han servido de alcahuetes para la comisión del delito.

Pero sobre la ineficiencia e ineficacia de estas montoneras también se dice cuando casi que a propósito se nombra una comisión para resolver un asunto para el que no se desea solución, de ahí la frase: “si quieres que algo no se solucione, nómbrale una comisión”; y así creemos que es el pomposo “Ecobloque” y sus muy selectivos procedimientos de persecución a los invasores del agua.

Nos parece que en Cartagena no ha quedado orilla ni cuerpo de agua vedado para los criminales del “cartel del escombro”; de los cuales hacen parte, principalmente, y en la mayoría de los casos, el que produce y el que transporta el escombro, y quien lo recibe comprándolo con fines delictivos, fines invasores, como ha venido ocurriendo y está a la vista pública en las orillas de la Ciénaga de la Vírgen, especialmente en el sector de “Cielo Mar”, en las colindancias con la desembocadura del Caño Juan Angola.

Hubo una época que podríamos llamar la “época de oro” del “Cartel del escombro” en Cartagena, y fue la comprendida entre los años 1990 y 1992 en la que el escombro que se levantaba por las obras de pavimentación de calles en el primer gobierno de Nicolás Curi con la intervención de las Empresas Públicas Municipales era transportado por las propias volquetas de esta misma empresa, que repletas lo descargaban en el sector de “Cielo Mar”, en Crespo, en las orillas de la Ciénaga de la Vírgen, agrandando cada vez más, entre otros, los predios de uno que para la época ocupaba un escaño en el Concejo de Cartagena.

Fue tanta la avaricia y el actuar delictivo de este “Honorable” Concejal, invasor, que lo llevó no solo a la indelicadeza de legalizar lo robado a la Ciénaga de la Vírgen sino además a venderlos y con la venta enriquecerse de manera ilícita, y afectar, además, el ecosistema en la desembocadura del Caño Juan Angola en la Ciénaga.

Finalmente, los enredos judiciales en que se encuentra este exconcejal son muy parecidos a los que tienen sus vecinos, los que construyeron el Centro de Convenciones del Hotel “Las Américas” también a orillas de la Ciénaga de la Vírgen y sobre los cuales nunca hemos oído pronunciamiento alguno del pomposo y burocrático “Ecobloque”, que pareciera actuar de manera selectiva en su misión de impedir el relleno de los cuerpos de agua con escombros.