Por Ambrosio Fernández

Donald Trump, el Presidente de los Estados Unidos, es un completo reality show. Una figura de los negocios y mediática que saltó a la Casa Blanca con posiciones altamente populistas y valiéndose de estrategias a veces no tan éticas en redes sociales. Todos los días vemos como lanza dardos a través de Twitter, pero esta plataforma ya le puso un alto en el camino y en una nueva política de verificación de información ha advertido en varios de sus trinos, que hay que tener cuidado con el contenido que publica el hombre más poderoso del mundo, porque puede faltar a la verdad, incitar al odio, entre otros.

Y aunque en Cartagena no tengamos Casa Blanca, parece que tenemos otro reality show por cuenta del alcalde, que también se alzó con el principal cargo de la ciudad con una fuerte estrategia en redes, las mismas redes que hoy advierten, similar a Trump, que el contenido que está publicando es “delicado”. Sucedió en Instagram, plataforma donde prácticamente la gente cuenta su vida minuto a minuto y en la que Dau subió una conversación con una concejal en la que, aunque prima un lenguaje respetuoso, el tono era de pocos amigos.

No pretendo defender el accionar, ni la hoja de vida, ni los intereses de la concejal, porque es claro y esa es una lucha en la que lo acompañamos muchos, que Dau está enfrentando la corrupción en el cabildo distrital como pocos lo habían hecho. No obstante y como se ha mencionado antes, el alcalde no se ha dado cuenta que la campaña terminó en 2019 y que aunque las redes son valiosos vehículos de comunicación con la ciudadanía, hay que gobernar para las demandas de la gente en su día a día, para las inquietudes del pueblo, de quienes más lo necesitan y no para los “Me Gusta” o para complacer a quiénes lo respaldan, que ahora parecen ser más barras bravas que simpatizantes.

Todas las conversaciones que tienen los funcionarios públicos, en el marco de su cargo, son susceptibles de ser publicadas, pero no le hace bien a la construcción de confianza, esa que tanto hace falta en la ciudad, que el despacho del alcalde se convierta en una especie de “Casa Estudio” en la que todos los movimientos y diálogos de quién entra están siendo monitoreados.

Lo peor de esto, es que Dau se ha cerrado a la crítica y al debate y su respuesta a quién se atreve a hacerlas es que hacen parte de los nefastos gobiernos anteriores. Preocupa que ninguno de sus asesores le haga caer en cuenta que todos los ciudadanos, hayamos o no votado por él, tenemos derecho a pedirle cuentas y que no todos en esta ciudad tenemos rabo de paja. Si lo que está buscando el alcalde es un tribunal que se pueda acercar a la candela para hacerle críticas, me ofrezco a hacer parte de él e invito a miles de ciudadanos más a hacerlo; así como también invito, cuando sea necesario, a aplaudir los aciertos y a que el alcalde cuente con nosotros para ayudarlo o asesorarlo en un momento crítico para nuestra sociedad. ¡Menos like y más acción! ¡Déjese ayudar alcalde!