“Trabajar juntos es el éxito”, Henry Ford

Por Álvaro Morales de León

Es parte del rosario de problemas sin solucionar que se ha sobrepuesto al paso de alcaldes de la ciudad que han prometido desde su traslado, hasta su transformación para un uso diferente; pero él sigue ahí, cada día complicándose mucho más, es una pocilga, es “Bazurto”, así se le conoce, pero es en verdad la Plaza Central de Mercado de la ciudad donde muchos cartageneros aún siguen acudiendo para hacer sus compras.

“Bazurto” permanece ahí, estático, para vergüenza de todos los cartageneros, y se erige y se mantiene inmóvil como una cueva de inmundicia ante la indolente vista de las autoridades administrativas, policivas, sanitarias y ambientales de la ciudad.

“Bazurto” se ha convertido en escenario obligado de candidatos a cargos públicos en sus campañas políticas, y quienes, como reinas de belleza, se retratan abrazados con sus habituales y descamisados habitantes mientras con escrúpulos disimulados engullen suculenta posta de sábalo y yuca que le han servido en un trozo de papel desprendido de una vaciada bolsa de azúcar o de cemento.

Es una zahúrda en la que conviven comerciantes y proveedores; roedores; perros, gatos y reptiles; pero también es lugar de enquistadas bandas delincuenciales, cantinas y restaurantes de mala muerte, y de un desordenado y caótico modelo interno de transporte de mercancías que jóvenes, en medio del rebusque, ofrecen a los visitantes.

En “Bazurto”, ante la ausencia y falta de control sanitario, se ofrecen libremente alimentos crudos y cocidos, así como criollas y típicas bebidas, en las peores condiciones de salubridad que terminan por ser generadores de múltiples enfermedades en quienes los consumen. Pero “Bazurto” no es sólo esto, además de foco infeccioso, es también contaminante de las aguas y las zonas que lo circundan.

Este, que fue un proyecto de avanzada en su concepción, se ha convertido en el mayor aportante de las cifras con las que periódicamente se construye el perfil epidemiológico de la ciudad, sobre todo en el capítulo que da cuenta de las enfermedades transmitidas por alimentos.

Mientras tanto, ni el Concejo, ni la Alcaldía, ni sus autoridades sanitarias y ambientales, ni las Corporaciones del medio ambiente, ni la policía, ni burócratas asesores hacen nada por resolver este problema que en sentencias judiciales se ha ordenado solucionar.

Hace once años, en el 2010, tanto el Juzgado 12 Administrativo Oral del Circuito de Cartagena, así como el Tribunal Administrativo de Bolívar ordenaron a la Alcaldía de Cartagena el traslado definitivo del mercado de Bazurto en un plazo no mayor a cinco años, o sea; que, en el 2021, subsiste sin solución lo que en el 2015 debió haber quedado resuelto por mandato judicial, el traslado de la totalidad de esta plaza de abastos a otro sitio de la ciudad.

“Bazurto”, “teatro de operaciones” de políticos indolentes fue un proyecto visionario y progresista que surgió en el mandato del alcalde Gustavo Lemaitre Román (1966-1968) debido a las protestas populares que se dieron por el lamentable estado en que se encontraba el ya devastado Mercado Público de Getsemaní.

Y llegó el día; el domingo 22 de enero de 1978, el entonces gerente de las Empresas Públicas Municipales, Eduardo Piñeres Vergara, recién fallecido, en persona, comandó el traslado de los comerciantes del vetusto Mercado de Getsemaní a lo que en esa época era el descapotado sector de Bazurto, pero era la época en que se tomaban decisiones en la ciudad.

Finalmente, nada más cierto que la frase de Henry Ford: “Trabajar juntos es el éxito”.