La fiebre no está en las sábanas”, Aforismo.

Por Alvaro Morales de León

“Dios y Patria”, es el eslogan o estribillo con que el personal uniformado de la Policía Nacional de Colombia inicia sus declaraciones o presentaciones institucionales; y lo dicen porque consideran, según ellos, como los más grandes valores. Dios, que es el amor perfecto, la generosidad absoluta y la justicia plena; y la Patria, la tierra de nuestros antepasados, la tierra de la heredad, la tierra de nuestro arraigo y la tierra que los pone en contacto con un presente que tienen que asegurar y un futuro que deben conquistar cueste lo cueste y por el cual están dispuestos a morir. Así, de esta manera, este cuerpo armado de carácter civil, no militar, sustenta su lema insignia.

Pero recuerda Andrés Benoit en una pieza periodística de su autoría titulada; “Dios y Patria, el lema que identifica a una institución violenta” anota que la Policía Nacional de Colombia viene manteniendo este lema desde el año 1957 fecha en que el expresidente y militar Gustavo Rojas Pinilla lo copió y adoptó para la Fuerza Policial de un movimiento ultraconservador realista de España.

También, en estos momentos en que se debate el actuar de miembros de la Policía Nacional ante las protestas y el estallido social que vive Colombia, no podemos olvidar que al igual que hoy lo hace la institución policial colombiana al invocar y respaldarse con el nombre de Dios, entre los siglos XI y XIII el mundo occidental giró en torno a un sincretismo militar y religioso que a través de varias expediciones llamadas Cruzadas, impulsadas por la Iglesia Católica, también invocaron el nombre de Dios para matar y asesinar a millones de musulmanes que dominaban la conocida Tierra Santa.

La propuesta que el presidente Duque ha anunciado para reformar a la institución Policial, a raíz de las acusaciones en su contra ante la CIDH por la violación a los Derechos Humanos de los manifestantes, no dejará de ser cosmética o inocua, o como popularmente se dice, un canto o un saludo a la bandera si no hay reforma que incluya al individuo, al policial que interviene y presta sus servicios a la seguridad ciudadana.

De nada servirá que se cree una Dirección de Derechos Humanos, si los mismos, los ya existentes y proclamados por la ONU desde 1948 e inspirados en los que la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, producto de la Revolución Francesa de 1789 proclamó como “Derechos del Hombre y del Ciudadano”; amén de su inscripción en nuestra manoseada constitución politica de 1991, se siguen atropellando y desconociendo.
De nada servirá que la Institución Policial se traslade del Ministerio de Defensa al del Interior o de Justicia y se le cambie el nombre si no hay un verdadero cambio en la conducta de sus miembros y el respeto por los Derechos Humanos.

¿De qué servirá el cambio de color de los uniformes del personal operativo de la Policía, de verde a azules, si los mismos los siguen usando y luciendo las mismas personas acusadas de manera insistente y reiterativa, no ahora, siempre, de ser transgresores de los Derechos Humanos?

Y de poco contribuirá al cambio de imagen de la Institución civil-militar creando un nuevo Estatuto Disciplinario y restructurando su dependencia de Inspectoría General si sus policiales siguen amparados por la impunidad.

Finalmente, la Policía Nacional de Colombia, creada hace ya 130 años, un 5 de noviembre de 1891, cuando nos gobernaba el presidente Carlos Holguín Mallarino, y que tiene como su comandante supremo al Presidente de la República, más que ser reformada en su estructura, debe ser reformada en el personal que sale a la calle a defender la institucionalidad en el nombre de “Dios y la Patria”.
Que todo sea por el bien supremo de la paz.