Por Álvaro Morales de León

Se ufana y se engríe, creyéndoselo, en ser la primera ciudad turística de Colombia y el mejor destino nacional, y hasta uno de los internacionales escogido para el ocio y el vacacionar; pero el caos, el desorden y los abusos de la oferta turística están a la orden del día en cada cuadra, en cada calle, en cada esquina del Centro Histórico y del sector turístico de la ciudad, esa es Cartagena.

A la verdad es que los epítetos o adjetivos que se le han anexado a la ciudad de Cartagena tratando de honrarla y glorificarla, algunos de ellos históricos, como “La Heroica”, podemos decir que le han quedado muy bien; otros, más recientes, como “La Fantástica”, y “La Ciudad de la Esperanza” no tanto; pero, hoy creemos que un buen título que le vendría “como anillo al dedo” a “La Heroica”, porque lo es, es el poco honroso título de “Ciudad Abusada”, o el de “La ciudad dónde el todo vale”.

Todo lo anterior, es para expresar y poner de presente ante las autoridades civiles, policivas y administrativas, que los atractivos turísticos, históricos, y los de playa y sol con los que El Creador y la naturaleza bendijeron a esta ciudad son ofrecidos de la peor y más grande irregularidad y caos por parte de una manada de “chimbos” vendedores de planes turísticos, de todos los pelambres, condiciones y orígenes que operan y deambulan en cuadrillas ofreciendo la ciudad sin ningún control ni ordenamiento alguno.

El control de este desordenado, caótico e irregular ofrecimiento de “planes turísticos” en las calles del Centro Histórico y del Sector Turístico de Cartagena se debate, como es casual en esta ciudad, entre la Corporación de Turismo, la Policía Metropolitana y la Secretaría del Interior sobre a quién o a que entidad u organismo le compete poner orden en el ejercicio de este oficio.

La anarquía en estos ofrecimientos turísticos pasa desde jóvenes, nativos y foráneos sin legal status migratorio en el país que dada la falta de control han escogido y llegado a este oficio sin preparación ni legalización alguna, quebrando o abusando las tarifas y el ordenamiento establecido, ofertando destinos inexistentes, y lo peor, ofreciendo, en algunos casos, sustancias alucinógenas y hasta el tan mencionado turismo sexual y la soterrada prostitución con la que dolorosamente también identifican a “La Fantástica”; también promocionada desde “operadores turísticos” de garaje.

Lo inadmisible de toda esta situación, sin control alguno, es que la misma se da ante la “vista gorda” de las autoridades policivas, civiles y administrativas de la ciudad, las cuales, fácilmente y que si bien lo quisieran, podrían, invocar las normas establecidas en el artículo 94 de la Ley 300 de 1996 o Ley del Turismo, así como las contenidas en el Reglamento del Consejo Profesional de Guías Turísticos, y por qué no, en el Nuevo Código de Policía, y con ellas entrar a exigir la debida acreditación o carnetización a estos “acosadores” y “correteadores” de turistas y visitantes que en gavilla se desplazan con desteñidos portafolios de su oferta turística bajo el brazo.

Creemos que el Concejo Distrital, órgano corporativo que coadministra y censura, debería, al unísono con la policía y las autoridades civiles poner también sus ojos en este modelo de oferta turística que le hace mucho daño a la ciudad, máxime cuando en el año 2020, Irvin Pérez, el entonces director de la Corporación de Turismo de Cartagena y hoy director nacional de Fontur, dijo que cerca del 30 % de los empleos formales de Cartagena están relacionados con la industria turística.

Finalmente, Cartagena debe dejar de ser la ciudad donde el todo vale.