“Si la corrupción es una enfermedad, la transparencia es parte medular de su tratamiento”, Kofi Annan.

Por Álvaro Morales de León

Decir que son diez, o siete, como algunos dicen fueron las plagas de Egipto no sería preciso ni suficiente para referirnos a la aglomeración de plagas aferradas a la administración del distrito de Cartagena y contra las que le ha tocado contender al alcalde William Dau.

Como las que en la antigüedad le sobrevinieron a Egipto de manera dosificada pero continua y dañina, así mismo le han devenido a Dau cargas, gravámenes, plagas y calamidades incubadas en desgobiernos que han regido este heroico distrito.

Una de esas tantas plagas que le han producido azaramiento a Dau, el gobernante actual, y gestada en mandatos anteriores, es el incordio con la construcción del edificio Aquarela y su afectación al patrimonio histórico, a la cual se le asoció el azote del entonces procurador general de la nación, Fernando Carrillo, quien procuró, sin lograrlo, el derrocamiento del alcalde por desobedecer, supuestamente, un pronunciamiento sin fuerza legal para que procediera a tumbar la cuestionada edificación.

Otra de las nocivas plagas que, como las sanguijuelas, chupadores de sangre, son los cuatro peajes internos de la ciudad cuyos administradores se resisten “como gato boca arriba” para no dejarse quitar “la teta” y seguir cobrando por el Corredor de Carga, del cual dijo la Contraloría General de la República que desde el 2015 había que dejar de hacerlo, pero que la actual Procuradora General, experta en declarar los ilícitos como “actos de buena fe”, lo niega y confronta al ente fiscal nacional diciendo que es falso, que todavía se le debe al Concesionario.

Hay que recordar necesariamente, que otra de las plagas que amenaza a la actual administración son las pretensiones judiciales de la firma KMC Construcciones, la de los Amín, a la que el anterior alcalde de Cartagena, Pedrito Pereira, le adjudicó de manera precipitada, y hasta sospechosa, la construcción del flamante Corredor Turístico y Portuario, que incluye no sólo la Quinta Avenida de Manga, sino la instalación de otros dos nuevos peajes internos en la ciudad, para sumar un total de seis. ¡Qué barbaridad!

Y qué decir de la desvencijada y desguañangada red pública hospitalaria del Distrito que encontró Dau por los nocivos e infortunados efectos y desaciertos que sobre ella dejó el desgobierno de Dionisio Vélez, uno que como alcalde atípico tuvimos entre 2013 y 2015; red de prestación de servicios de salud a la que para colmo de males le sobrevino la calamidad de la Pandemia con toda su estela de enfermos.

Y que tal la infestación de plagas, plagas de la corrupción con las que nació Transcaribe, el sistema integrado de transporte masivo, y que adheridas a la entidad la han llevado a una iliquidez financiera que la hacen inviable para la continuidad de la prestación del servicio.

Y como si no bastara con las ya mencionadas plagas que encontró Dau en la administración de la ciudad, abordemos una más reciente, la del litigio que terminó por condenar al Distrito por el supuesto incumplimiento de un contrato con el Consorcio Vial – Isla Barú, también de los Amín, por las obras de la segunda fase de la vía a Playetas, en Barú, que adjudicó y contrató el anterior y encargado alcalde, Pedrito Pereira.

Para finalizar, a Dau también se le adhirieron las plagas del deterioro acumulado de vetustos puentes como el de “Las Palmas” y el “Jiménez” que unen a la isla de Manga con el Pie del Cerro y el Pie de la Popa, respectivamente.

Finalmente, al igual que otras plagas heredadas por Dau como la licitación para las obras de protección costera y la concesión del alumbrado público, ¡la prensa hostil, local y nacional, son también plagas que perturban el gobierno de Dau!