Gil Lorduy Castro – Doctorando en Ciencias de la Educación

La actual crisis sanitaria causada por la pandemia del COVID-19 ha generado grandes desafíos en los sistemas educativos de las naciones, al tratarse de un hecho sin precedentes, uno de estos desafíos estuvo enmarcado en el cierre masivo de las actividades presenciales de Instituciones Educativas públicas y privadas.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en el pico de la pandemia, el 91% de los estudiantes, es decir, en el mundo más de 1.500 millones de educandos de todos los nivele, habían dejado de tener clases presenciales, y es que la situación que le ha tocado enfrentar a los docentes y estudiantes ha sido muy compleja, dificultando la continuidad del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en su informe de agosto de 2020, precisó que gran parte de los países establecieron formas de continuidad de la educación en diversas modalidades a distancia, siendo la virtualidad la estrategia más utilizada entre los países en esta región del mundo

Hay que reconocer el avance acelerado, en un tiempo récord, de las tecnologías digitales para el funcionamiento de la sociedad durante la crisis de la pandemia en diversos países, que dio un espaldarazo para la continuidad del aprendizaje en muchas escuelas alrededor del mundo. Además de las mejoras significativas en infraestructura y conectividad, como la adquisición en numerosas familias de dispositivos tecnológicos, como computadores, celulares, tabletas, entre otros.

Este avance transformó el entorno educativo, aunque ya esto venía sucediendo, pero en pandemia se aceleró con más fuerza. La tecnología pasó de ser un instrumento, un artefacto, un dispositivo que se usa para realizar una actividad, a ser el medio en que se desarrolla la actividad humana (meta tecnología). Por tanto, se estaría frente a un desplazamiento que trasfiere a un cambio cultural profundo, de la actividad humana.

Este avance tecnológico está conduciendo al cambio social, de una manera imperceptible para los ojos de las personas que están cambiando, lo que debería pasar es que este conocimiento debería ser compartido para que las personas aprendan a desarrollar su vida cotidiana de mano de los medios tecnológicos, con esto se estarían potencializando escenarios como telemedicina, teletrabajo, la educación virtual en todas sus modalidades, comercio electrónico, entre otros.

Sin duda el que conoce las dinámicas internas del medio y entiende la particularidad del mismo con respecto al mundo exterior, de la vida cotidiana tecnológica, tiene ventajas comparativas, respecto al otro. A partir de este entendimiento, se pueden utilizar y desarrollar las habilidades a favor del ser humano, pero si no entendemos esto, y creemos que estamos trabajando con un instrumento, o con una técnica que hay que aprender, seguimos siendo personas que están excluidas en el proceso social, aunque estemos dentro, y esto pasa constantemente en la actualidad.

Ahora, hoy nos encontramos con estudiantes inmersos en ésta nueva realidad tecnológica que invita a pensar una nueva educación, con unas nuevas didácticas y practicas pedagógicas imbricadas en este cambio. Por tanto, apuntalar por una educación inclusiva sería la gran apuesta de la escuela, pero no una inclusión desde una visión limitada, que sólo se agota a personas con discapacidad y la atención a poblaciones, sino una educación más allá, que reconozca las singularidades del estudiantado, que incluya y garantice el aprendizaje y la participación de todos en este escenario social meta tecnológico, que religue saberes y disciplinas para el reconocimiento de la multiplicidad de estilos de aprendizaje por la misma naturaleza singular del ser humano.

Paradójicamente este escenario de “pandemia” producto por el Covid-19 es una oportunidad para los que pensamos en una educación para todos, como un momento único para construir otra escuela, que nos permita ver otros mundos posibles desde la transformación del sistema educativo y teniendo en cuenta la nueva matriz de cambio social que nos plantea el nuevo contexto social.

Por. Gil Lorduy Castro, Pasante Doctoral el Centro de Estudios Latinoaméricanos de Educación Inclusiva (CELEI) – Chile.