Los docentes del Programa de Comunicación Social de la Universidad de Cartagena que suscribimos esta carta abierta reconocemos la amplia movilización social y, en particular, la movilización estudiantil como expresión del malestar que históricamente se ha venido configurando y que se ha profundizado en el marco del actual gobierno nacional y de la emergencia social por Covid-19.

Dicha movilización, no sólo es una expresión de inconformidad, sino también el ejercicio mismo de un derecho constitucional. Por ello, rechazamos el uso arbitrario y sistemático de la fuerza estatal, que se evidencia en la respuesta desproporcionada de la Policía contra manifestantes pacíficos; la cual, en algunos casos, es provocada por agentes infiltrados. De igual forma, nos oponemos al asedio en el escenario local, tal como sucedió durante una convocatoria adelantada en la Plaza de la Paz el pasado 3 de mayo. Así mismo, rechazamos el comportamiento de algunos ciudadanos que han respondido agrediendo, a veces de manera muy violenta, a la fuerza pública.

El uso de la violencia debe ser judicializado, pero no la movilización social.

Creemos firmemente -porque así lo discutimos y promovemos en nuestro escenario universitario- en la manifestación pacífica pero contundente desde diversas narrativas y voces. Nuestros estudiantes, y también nosotros, reclamamos un Estado democrático fundamentado en el respeto y la garantía de los Derechos Humanos; es un reclamo que no debería costarnos la vida.

A lo anterior se suma nuestro rechazo a las distintas situaciones que ponen en riesgo la libertad de expresión y de información, y en general, la garantía del derecho a la comunicación. En medio de este escenario, se ha hecho aún más evidente la censura y/o limitación de la capacidad de periodistas y medios; así como también una serie de prácticas irresponsables y antiéticas que ocultan o tergiversan información y, por tanto, ponen el ejercicio periodístico al servicio de ciertos intereses y no de la construcción de lo público.

En esta línea, así como rechazamos la violencia física, también somos enfáticos en rechazar la violencia simbólica que se configura a través del discurso. El uso de etiquetas como vándalos, terroristas, flojos e incluso sugerir que, tanto estudiantes como profesores, somos manipulados/adoctrinados o manipuladores/adoctrinadores, es reprochable y refuerza una serie de estereotipos que dificultan la movilización con seguridad y, por tanto, que se garantice ese derecho constitucional. El discurso, y concretamente aquel que se 2 desarrolla en nuestro escenario universitario, es un terreno en disputa que tenemos que poner en cuestión docentes, estudiantes y egresados, y dar cuenta de su carácter constructor de realidades que puede ampliar posibilidades de ser y estar desde la pluralidad, o limitarlas.

¡Los discursos estigmatizantes no nos representan!

Como docentes de un programa de comunicación social, hacemos el llamado al uso del diálogo franco que sólo es posible con voluntad política y desde el reconocimiento de las diversas voces y posturas; a potenciar la cultura como escenario de construcción de narrativas “otras” y a reconfigurar nuevos sentidos y significaciones que, desde nuestro ejercicio ético como docentes, comunicadores sociales y periodistas, se fundamente en el enfoque de Derechos Humanos, género e interculturalidad.

Consecuentes con tan preocupantes circunstancias, la convocatoria al diálogo es urgente y debe incluir, de manera especial, a quienes están inconformes con la situación económica, social y política. El Gobierno Nacional, ojalá el Jefe de Estado, debe pronunciarse para que cese de inmediato el accionar de las fuerzas militares y de policía que impide la movilización pacífica. También debe detenerse cualquier otra decisión que siga promoviendo la escalada de violencia, tal como se pretende con una potencial declaratoria del Estado de Conmoción Interior.

Finalmente, en medio del difícil momento que atraviesa la humanidad, dada la actual pandemia y sus severas repercusiones, hacemos un llamado a estudiantes, egresados, docentes y directivos, a mantener comunidad; a acompañarnos unos a otros; a apoyarnos para enfrentar los desafíos de salud física y mental, así como los retos sociales y políticos que hoy nos impone nuestra realidad. Sigamos en resistencia, luchando y caminando hacia la construcción de unas condiciones de vida más justas y dignas, siempre desde el diálogo y el respeto.

Yusly Pérez Llerena, Ricardo Chica Géliz, Milton Cabrera Fernández, Bertha Arnedo Redondo, Germán Ruiz Paez, Yina Hernández Álvarez, Carlos Díaz Acevedo, Raúl Puello Arrieta.