Por Carlos Castilla Cárdenas

Una mañana como cualquier otra, mientras revisaba mi Facebook, me encontré con una publicación del poeta Winston Morales Chavarro, quien es mi docente y amigo, en la cual mostró la fotografía de un pendón que está colgado a las afueras de la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, ubicada en Bogotá. El pendón extremadamente rectangular decía en letras rojas grandes —“Bienaventurados los que paran ante lo injusto”— y en la parte de abajo con una letra más pequeña pero notoria, le complementaba una frase “No seamos indiferentes ante la represión violenta y el sufrimiento de los hermanos”.

Además de enviarle mis más sinceras felicitaciones al Padre Cano, de la Iglesia de Chiquinquirá, aquel texto plasmado en ese pendón generó una gran reflexión en mí, afirmando lo que en algún momento pensé y que por supuesto, sigo pensando.

—Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios— Si bien esta frase de Jesús (Mateo 22, 15-21) indica la existencia de dos planos: el de la sujeción a las leyes civiles en el ámbito estatal y el de la obediencia a la autoridad de Dios desde la fe religiosa, es obvio que la iglesia no puede hacer caso omiso a la pobreza, miseria, sistema fallido de salud, de educación y falta de oportunidades que existe en nuestro país.

Creo que tú, amigo lector que ya has llegado a este cuarto párrafo, habrás notado que soy católico apostólico romano, pero me atrevo a decir que no solo de boca, creo que me he alimentado espiritualmente como para saber que quienes están en el poder no han cumplido la misión que Dios les dejó en la tierra, fenómeno que por supuesto ha desatado tantos problemas en millones de colombianos que tratamos de subsistir con un sueldo básico que para nada es digno.

No logro concebir cómo es que existen personas que oran y dicen profesar cualquier religión, mientras que le desean la muerte al prójimo cuando está manifestado con frases que he escuchado como —“Que el ESMAD mate a todos esos…” o “Hay es que meterle candela a toda esa gente”—, ¡Y se atreven a decir que quienes manifiestan tienen el diablo metido!

Creo que a pesar de la evidente situación que vivimos en Colombia, a muchos les hace falta explicarles un poco más el motivo de las manifestaciones: estamos en un país donde cada vez más nos aumentan los impuestos, donde un sueldo muchas veces no nos alcanza, donde no hay muchas oportunidades de trabajo, donde muchos no tienen la posibilidad de acceder a una educación superior.

Es cierto que existen desmanes, existen muchas personas que cometen actos de vandalismo, pero generalizar que todos son vándalos es una gran mentira, si bien en las manifestaciones salen estudiantes, médicos, abogados y otros profesionales que entienden el panorama del país, un país en dónde cada día suben las los impuestos con un sueldo básico que no es digno, dónde cada día dan menos oportunidades de estudio y de trabajo, obviamente este fenómeno desata muchas cosas negativas, no lo justifico, pero es una realidad, es lo que está ahora mismo pasando y no podemos ocultar el sol con un dedo.

Espero que este escrito llegue a muchos, para aquel que no entiende y quiere saber más, para el que entiende y se hace el de la vista gorda, para el elitista que ahora no recuerda que sus bisabuelos fueron humildes y ¡Claro! Como ahora tiene facilidades menosprecia al que lucha por sus derechos, por si no lo saben, la salud y la educación son derechos fundamentales, para todos, sin importar que seas cristiano, católico, musulmán, judío, ateo, etc. Creo que, sin importar nuestras creencias, todos buscamos hacer de este un mejor país.