Por Moisés Anaya 

Estudiante de Derecho
Universidad de Cartagena

En aras de procurar una mayor autonomía territorial y una mayor gestión entre las comunidades divididas territorialmente pero con particularidades económicas, sociales y culturales entre sí, la Constitución de 1991 consagró la figura del área Metropolitana, estas se encuentran definidas en la legislación como un conjunto de dos o más municipios vinculados entre sí por dinámicas territoriales, ambientales, económicas, culturales y tecnológicas que en pro de un desarrollo sustentable requieren de una administración coordenada.

Para nadie es un secreto que pese a la expansión inmobiliaria que viene presentando Cartagena, factores como el valor del metro cuadrado y el costo de vida en la ciudad han incentivado una migración de cartageneros a acentuarse en el municipio vecino conservando sus relaciones económicas en Cartagena, sin embargo, debido a la cercanía, el municipio Turbaco se ha constituido también en un proveedor de fuerza laboral, tanto para el empleo formal como el trabajo informal de Cartagena.

En el terreno administrativo también se ve la necesidad de una mayor articulación entre ambas autoridades, por ejemplo, el establecimiento de la cárcel de mujeres del Distrito de Cartagena en el municipio de Turbaco, así como los problemas técnicos y administrativos que ha traído tal instalación, en ese mismo sentido, la situación del Covid 19 demostró la necesidad de una mayor articulación a la hora de implementar medidas sanitarias, así como la implementación a medias de rutas de Transcaribe en jurisdicción del municipio de Turbaco, demuestran que una ciudad en crecimiento debe encontrarse mayormente articulada a un municipio que también viene experimentando un aumento demográfico, en el mercado inmobiliario y de bienes raíces, a tan solo metros del Distrito.

Por supuesto, la creación del área metropolitana debe traducirse en mayor beneficio para una población que tiene muchísimo en común y no en un mero burocratismo. Una mayor planificación urbana, armonización en las tasas tributarias, un transporte publico óptimo para la ciudadanía, prestación eficiente de servicios públicos basicos y la conservación de miles de metros cuadrados que vienen siendo depredados entre Cartagena y Turbaco para satisfacer el mercado de bienes raíces debe ser unos de los varios objetivo principales de ambos entes territoriales.

Puede que la propuesta levante voces de protestas entre quienes son acérrimos defensores de la autonomía territorial de sus respectivos municipios, en efecto, la creación del área metropolitana implica el establecimiento de una autoridad metropolitana con poderes para resolver las necesidades comunes, sin embargo, la ley prevé que tal creación no socave la autonomía de los entes territoriales y garantiza la participación de las autoridades municipales en la administración metropolitana.

Queda entonces, la intriga sobre el estatus de Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de cara a la creación del área, lo cual no supone mayor problema ya que la misma ley otorga la facultad para que un área Metropolitana se convierta en Distrito. Las condiciones están dadas, y es cuestión de voluntad de las distintas autoridades si seguir con una comunidad de facto que crece desordenada y traumáticamente, o regularizar jurídicamente la comunidad y aprovechar los mecanismos que provee la constitución y la ley en pro de la población.

La figura no es nueva, y existen en nuestro país ejemplos exitosos de integración territorial, como lo son el área metropolitana del Valle de Aburrá, el área Metropolitana de Bucaramanga y el área Metropolitana de Barranquilla. Se requiere entonces la voluntad política de nuestros dirigentes para que como lo exige la ley, convoquen a una Consulta Popular en la cual la ciudadanía decida si quiere la creación de esta figura.