Por José Laguado

Director de Smartfutures

Nuestras decisiones, o indecisiones, direccionan nuestros futuros. En este instante, AlphaFold, la solución de inteligencia artificial y redes neuronales está camino a transformar el entendimiento de las enfermedades y los nuevos tratamientos para hacer que la medicina sea cada vez más personalizada; mientras tanto, Medellín celebra 25 años de su “Cultura Metro” de la cual locales y foráneos se sienten orgullosos; y al otro lado del mundo, China materializa 10 billones de dólares invertidos en proyectos científicos de computación cuántica superando a Google e IBM, antes líderes de la cada vez más cercana supremacía cuántica. Eso es resonar con la multiplicidad de futuros disponibles para que emerjamos de manera resiliente en algo distinto a lo que hoy tenemos.

Y mientras tanto, en nuestra fantástica Cartagena creemos que los problemas se resuelven ejecutando presupuestos porque “eso es lo que hay que hacer” , asignando OPS a diestra y siniestra para dejar gobernar e inclusive, hay algunos que piensan que nos salvaríamos cambiando a toda la administración que toma las decisiones para el desarrollo territorial distrital incluyendo a concejales y diputados. ¡Ah! Y no olvidemos que, según la analítica de los datos de los medios locales, las noticias donde hay atracos, asesinatos y la prohibición de las fiestas de fin de año en el Centro Histórico van a la delantera. Somos verdaderamente impredecibles.

Ahora, si entendemos la Inteligencia como la capacidad de resolver problemas y comprender algo, sea lo que sea, y a la consciencia como la capacidad para reconocer nuestra circundante realidad, bien vale la pena comenzar a pensar en implementar herramientas de inteligencia artificial (IA) a la política local. ¿Para qué? Bastante sencillo. Usando redes neuronales, big data, reconocimiento facial, pruebas de estrés de voz y algoritmos predictores de veracidad, autonomía e independencia de interés podríamos separar la emocionalidad de los gobernantes, la polarización partidista y el creciente egosistema de la toma de decisiones que favorecen el desarrollo territorial. ¿Se imaginan ustedes que podamos reemplazar a la mayoría de los políticos tradicionales por sistemas inteligentes de gobernanza? ¡Sería una maravillosa singularidad! Ahora, no falta el que diga que la política es de humanos, que la emocionalidad es de humanos y que la actitud desafiante del debate es lo que enriquece a la política. Tal vez es una manera de verlo. Solo, creo yo, que no estamos jugando a la política sino al desarrollo y la sostenibilidad de los territorios. De ahí que en Europa ya el 25% de la población está en favor de que la IA tome decisiones importantes para direccionar los futuros de sus países; Holanda, ¡un creciente 40%!

Por eso, separando la emocionalidad y la polarización, hoy comparto algunos elementos que nos permitan sacarle el máximo provecho a la IA para fabricar nuevas realidades para #LaCartagenaDelFuturo, para volver predecible lo impredecible.

Por ejemplo, en reconocimiento facial o “huella facial” podríamos usar aplicaciones para validar biométricamente las asistencias de los políticos a las sesiones; Si las actas se pueden firmar después, las videollamadas se pueden alterar, los rostros son irremplazables (hasta ahora). Persona que falte, de manera automática se le descuenta del salario la sesión. Otro ejemplo, las pruebas de estrés de voz (VSA por su sigla en inglés) ayudarían como un “detector de mentiras avanzado” donde se evalúa el lenguaje verbal, no verbal, gestos y emociones para determinar el grado de honestidad con el cual la persona se está comunicando. De ahí se desprende otra conversación sobre la distinción entre honestidad e integridad, tema para otro escenario.

Finalmente, si utilizáramos big data para incluir los fragmentados planes de desarrollo, programas, iniciativas y miles de complejos documentos (PEMPs, POTs, PEDETs, etc) podríamos diagnosticar de manera anticipada futuros desafíos (piensa en el caso del manejo pluvial y las inundaciones de hace unas semanas) sin la interferencia de los intereses políticos; podríamos priorizar la ejecución de proyectos basados en análisis de escenarios de ciudad (no de personas) e inclusive podríamos, mediante participación ciudadana, elegir los proyectos que consideremos valiosos para la calidad de vida y el bienestar de las familias.

Si, nuestras decisiones direccionan nuestros futuros. Recuerden que en la naturaleza, todos los ecosistemas resuenan y se complementan. Buscan emerger en resonancia y sintonía dada su permanente retroalimentación para trascender. La pregunta que surge es ¿de qué alimentamos al sistema? Sí, porque quienes alimentan al sistema de inteligencia y consciencia de nuestra ciudad no son “los otros”, somos nosotros.