Por Rogelio Tirado

La venida al mundo de un niño es uno de los actos más sublimes de la vida, la llegada de un nuevo ser suele cambiar el estilo de los padres aún más cuando son primerizos, Alejandro es una persona indomable, cuando quiere algo lo consigue, sus métodos son su personalidad; el es así. Mi persona tiene el lujo de conocerlo en un momento de su vida donde se alejaba de todos sus trajines organizativos.

Alejandro Díaz Carazo fue una persona que organizó todo un país; de pronto su posición no es la mía, no obstante, el hizo eso; lo cual lo hace una persona de la historia, a mi juicio. Él debe volver a organizar, digo yo, una persona con la experiencia que el tiene debe obrar. Cuando Alejandro se enteró que iba a tener un bebé no andábamos, no pegábamos lugares, entonces el a mí no fue el primero que me comentó, normal.

Lo que si vi fue que a medida que pasaba el tiempo iba cambiando más y más, había una fuerza que lo transmutaba, como si estuviera arrojado hacia un cambio; usual los dos estábamos cambiando radicalmente; yo en mi mundo como filósofo y él por su bebé. Jamás había visto mejorar una persona tan rápido, un bebé hace eso. A mí me da mucho miedo, tener un hijo debe ser la cosa más magnífica de la existencia. Una vez le dije «a ti te va ir bien, no creo que a una persona que organizó un país le dé tan duro atender a un hijo».

El se mejoró por su hijo. Cuando nació tomó una decisión que ni yo esperaba, obvio yo respeté; lo hacía con el objetivo de que aprobaran a su hijo, hubiese todo el respeto posible donde nadie lo lastimara, algo de la naturaleza la búsqueda de proteger tu cría; me imagino el poco de sustancias químicas las que se transformaban dentro del cuerpo de Alexandra, la mamá; en todo el proceso del embarazo, las madres son lo más bello ellas dan la vida y hacen que siga la especie.

En vida de Silvio, Alejandro ya era una persona adecuada en el empeño de tener un hijo, sus cuentas más claras, sus decisiones más precisas, su trato con las personas más formal y más humilde. Un hijo hace eso. El día del refuerzo de las vacunas el médico que lo atendió felicitó a la mamá por como lo tenía, era un niño saludable estaba «gordito, fuerte y sano» muy bien cuidado al parecer todo iba bien con él. A veces la vida trae cosas inesperadas que a los humanos no nos gusta, sin embargo, la naturaleza es así, su dictadura nos pone a reflexionar sobre lo que somos.

Tres paros le dieron, soportó, pero el tercero se lo llevó, a las 2:47 p.m., del 9 de agosto se fue Silvio Díaz Cervantes. Lo que dice su padre fue que todo inició con los refuerzos de las vacunas que se le pusieron el día 5 de este mes, recién cumplía 4 meses. Silvio tuvo todo lo principal, amor, comprensión y ternura. Los médicos hicieron todo lo posible, los familiares se movilizaron, todo se le hizo. Creo que queda como un regalo de la vida a los que lo conocieron, queda uno dando gracias por todo.

Tu existencia cambió mucho las cosas, a mí me dio más fuerza en trabajar porque todo cambié, Cartagena no debe seguir pasando por lo que pasa a nivel salud, ni de educación mucho menos de las posibilidades de poder ser. Silvio tenía todo, pero muchos no. Debe ser triste que a una persona le pase este tipo de eventos, peor sería que pasará por falta de algo. La búsqueda constante debe ser reducir las muertes a lo que sea determinación de la naturaleza no conocida, si se conoce se puede hacer algo, además la ciencia y la tecnología hoy dice cosas interesantes sobre la salud, conocimiento que no llega a Cartagena por cuestiones políticas.

A su padre lo cambió…