Karen Guardo Bustamante

En ocasiones hemos vivido u observado experiencias en las que el amor se ve afectado por prejuicios sociales y dogmas impuestas por el entorno en donde vivimos, el amor y las distintas razas, el amor y las clases sociales, el amor y su procedencia, así mismo en el caso del amor y la discapacidad, todos estos son términos que generan polémica y luchas, que en ocasiones cuentan con desenlaces tristes.

Por lo general, el amor y la discapacidad genera situaciones bastante sensibles cuando van de la mano, no es sencillo mirar al mundo con la frente en alto cuando el mundo aun no acepta lo diversos que somos como seres humanos y que a pesar de esas diferencias tenemos los mismos derechos, necesidades y capacidades que las demás personas, incluso la posibilidad de amar y ser amado.

Como es el caso de esta mágica historia de Ana Milena y Manuel, donde La fuerza del amor ha superado la discapacidad.

Cuenta Ana Milena entre risas, que se conocieron hace algún tiempo en un barrio popular de nuestra Cartagena, al presentarlos hicieron clip, pero como amigos, para ambos era grato compartir: momentos, proyectos, hablar por horas, entre otras cosas. Ella, es una apasionada de la cocina, emprendedora, con una energía arrolladora, que la transmite en su mirada y como expresa de manera suelta y jocosa su historia, mientras ella enamora a quienes le escuchan, Manuel la mira con amor, ternura, atención, como si la mirara por primera vez y lo cautivara con todo su ser.

A pesar del tiempo, aun parece vive en ellos ese sentimiento, esa magia, ese apoyo, complicidad y sobre todo si que son complemento, solo basta ver como Manuel lleva sus manos con la comida de manera tierna y atenta a la boca de Ana Milena y como ella utiliza sus piernas para maniobrar la silla de ruedas y acomodarlo de tal manera que la mesa queda perfecta para esta cena.

Al verlos ingresar al restaurante esa noche cálida, bulliciosa y acomodarse después de sortear el bajar la silla de rueda y a Manuel del carro, subir los escalones con destreza y ubicarse perfectamente en la mesa, saludar con esa energía y cariño a la persona encargada de tomarles su pedido, me permitió evidenciar a la distancia la química entre ellos dos, la complicidad en la mirada, las risas al hablarse al oído y como que recordaban sus momentos vividos.

Eso para mí fue un momento que me conectó, hasta el punto que una vez vi la posibilidad de llegar y conversarles, no lo pensé si no que actué y junto a mi varias personas tomaron lugar para escuchar de voz de Ana esa tierna historia de sus promesas de amor, de sus experiencias pasadas y vividas de manera individual en torno al amor, lo cual dice Ana no fue sino un aprendizaje para consolidarse, permitiéndoles mejorar como seres humanos, me dice con firmeza que: lo vivido era ineludible pues le llevo a ser más fuerte, a mejorar para ofrecerle hoy a este hombre lo que soy y recibir de él su mejor versión.

Ana por su parte recuerda como fue ese proceso de enamorarse, pues nos comentaba que vivieron cada etapa, fueron amigos incluso ella tenía un restaurante y bueno por su discapacidad física, algunas tareas se le dificultaban algo, pero Manuel le apoyaba como amigo en tareas como: abrir los frascos de salsas, etc, en esos momentos de ir, venir, compartir, se les vino a la cabeza la idea de ser socios y creadores de Fundación sin Límites, entidad sin ánimo de lucro donde su objeto social gira en función del reciclaje y el medio ambiente.

Así que ahora, eran más lo momentos, los retos, las experiencias, ya que eran amigos, compañeros, socios y así poco a poco fueron construyendo una amistad, que paso a un romance una tarde que Manuel, le pidiera un beso a Ana y luego le prometiera ser para ella sus brazos, su ayuda y soporte, algo que ha cumplido hasta hoy.

Sí que ha pasado el tiempo, permitiéndonos centrarnos en nuestro sentimiento, expresarlo, sacarle como buenos cartageneros el lado chévere a la cuestión cuando vamos por la calle y nos hacen comentarios que carecen de fundamento, por falta de sensibilización frente a lo que es la discapacidad y el amor, pues la fuerza de este sentimiento sobre pasa cualquier condición física, mental, psicológica, sensorial, entre otras, pues es tan fuerte, ingenuo, poderoso y edificador, que construye a su paso y permite contagiar a otros al vernos, permitiendo así que todo aquel que nos ve e interactúa, crea que el amor es real y capaz de transformar y edificar sociedad.

Yo por mi lado dice Manuel no me afecto cuando nos dicen mira el mocho, o le dicen a Ana mira la coja etc. pues yo veo más allá de su físico, yo veo en su mirada, su alma, sus sentimientos, veo lo completa y maravillosa que es, lo fuerte al crear empleo para ella y muchas personas más, lo capaz y valerosa al despertar cada mañana junto a mi lado, dispuesta a seguir luchando hasta el día que Dios permita el cual espero sea cuando ambos estemos ya en la edad caduca, eso veo con ojos de amor, pues siento somos complemento y equipo, somos pareja, somos personas como cualquier otra que ama y es merecedora de amor.

Finalmente puedo decir que esto fue sin duda una nueva experiencia de puro amor, de ese que contagia y no se puede fácilmente olvidar, ese que te enseña, te conecta, te eriza la piel y te recuerda que todos somos seres capaces de amar, ser amados, edificar, construir y aportar a los demás.