Por Javier Doria

Virales se hicieron las declaraciones del alcalde de Cartagena para referirse al esperado inicio de las obras de intervención de la malla vial de la ciudad. “Al fin arrancamos”, dijo con júbilo, visiblemente emocionado, al anunciar que 20 meses después de posesionado arrancó por fin la ejecución de la primera obra de impacto de gobierno. Al ver el video, varios amigos que viven fuera de la ciudad llamaron a preguntarme: «¿eso es en serio?».

La verdad es que da gusto que, por fin, pareciera que ya estamos viendo la luz al final del túnel y creamos que muy pronto dejaremos de ver y, sobre todo, sufrir los enormes cráteres que abundan en las vías principales del corralito, pero hay que tener presente que los retos que impone la administración pública territorial y las innumerables necesidades de la ciudad nos llevan a pensar que aún no hay nada que celebrar; la galopante y generalizada inseguridad, el mal estado de la infraestructura educativa y hospitalaria, el resquebrajamiento del tejido social y los altos índices de desempleo, entre otros problemas que padecemos, nos hacen dudar del un genuino arranque del actual gobierno.

Pensar que casi en la mitad de periodo de gobierno del alcalde y a un año de relevo del mandato presidencial estemos apenas “arrancando” nos lleva a concluir que el tiempo que hace falta para la terminación del periodo del mandatario local tampoco será suficiente para mitigar las problemáticas más críticas que padecemos los ciudadanos. Entonces, La Heroica, que ha sido una ciudad políticamente resiliente, posiblemente se prepara para una frustración más.

Pero si hay algo que de verdad entierra a las urbes no son los malos gobiernos sino -sobre todo – la indiferencia de sus habitantes. Por eso, ante tanta irracionalidad administrativa, pienso que es el momento de actuar: promoviendo un cambio, pero no político sino social. No se trata de un cambio de políticos corruptos por activistas ineficientes, sino de unos y otros por líderes que representen las necesidades de todos los ciudadanos y que estén preparados para administrar los asuntos públicos.

Ese pacto, del que en los últimos días todos estamos hablando, debe ser convocado para gestar un proceso que proyecte los liderazgos y los líderes que la ciudad necesita identificar para dar ese salto cuantitativo y cualitativo que nos saque de los altos índices de pobreza material y mental en el que nos encontramos.

Una vez más, invito a artistas, empleados, deportistas, políticos, periodistas, empresarios, intelectuales, comerciantes, profesionales, expertos, jóvenes, y en general a todo aquel que quiera realmente a esta ciudad, a arrancar un proceso de verdadero cambio, un cambio incluyente, responsable y sostenible.

Pero el tiempo apremia. Si ya estamos todos de acuerdo con que hay que iniciar un proceso para avanzar hacia el cambio propuesto, lo que se impone ahora es que demos el primer paso, y ese es convocar a los primeros diálogos que apunten a ello.

Si ya hay consenso sobre el qué y el quiénes, pongámonos de acuerdo sobre el cuándo y el cómo.