“No hay que apagar la luz del otro para lograr que brille la nuestra», Gandhi.

Por Álvaro Morales de León

De tiempo en tiempo aparecen en boca, líneas e imágenes de ciertos grupillos de profesionales del periodismo de nuestra Cartagena sesgos xenofóbicos de caracterizado estilo criollo, pero sobre todo, pendenciero y cizañero, que sembrando disensión y enemistad descalifican a profesionales de una u otra disciplina académica que por no haber nacido en este terruño o habiéndolo hecho han vivido tiempo fuera de ella y son llamados a contribuir en el sector público local para ejercer con sus oficios como servidores públicos.

Son sesgos xenofóbicos que no construyen, que destruyen, y que se inspiran en motivaciones muy personales y animadversiones que dejan al descubierto el desbordado y manifiesto resentimiento por no estar haciendo parte de ninguna de las nóminas de la alcaldía, de la actual administración, ya sea de la nómina de cargos públicos o de las contrataciones de pautas publicitarias u ops.

Pero este criollo sesgo xenofóbico es muy selectivo y hasta temporal dependiendo de los desafectos, de la participación o de la exclusión, y es disparado malsanamente a través de lánguidos micrófonos y portales informativos, pero por física inanición financiera se encuentran en vías de extinción.

Hemos reiterado de manera frecuente que no somos defensores a ultranza de la actual administración de La Heroica, la del alcalde Dau Chamat, y que apoyamos la incansable y a veces perdida lucha contra lo irregular, contra lo indebido, contra la corrupción; pero que no compartimos otros procederes del mandatario y de su equipo más cercano de colaboradores.

Vociferan y se desgañitan a través de vetustas ondas hertzianas y líneas de Portales noticiosos “dándole palo” al alcalde Dau por haber incorporado a su equipo de gobierno a ciudadanos colombianos de valioso perfil académico y destacado ejercicio profesional, descalificándolos sin ningún reparo ni escrúpulo por el simple hecho de no haber nacido en este terruño o haber vivido por fuera de él muy a pesar de ser nativos de aquí.

Pero se sesgan con aplausos y a favor de quienes no teniendo su cuna en esta ciudad ejercen de manera altanera y grosera el periodismo, como igualmente lo hacen con los que pretenden revocar mandatos, y hasta lo hacen con quienes por muchos años se han sentado y siguen haciéndolo en las curules del Concejo de Cartagena, sin ser oriundos de esta comarca.

El sesgo xenofóbico criollo de estos servidores de la comunicación radial y litográfica los ha llevado al punto de obnubilarse con la descalificación de servidores públicos de esta administración simple y llanamente por haber nacido en Riohacha, o en Magangué,  Bogotá, Barranquilla, Sincelejo, Puerto Berrío, Cali, Palmira, o Majagual; pero ignoran la descalificación para periodistas que venidos de otras latitudes como los departamentos de Sucre, Córdoba, Atlántico, Magdalena, Cesar, San Andrés, el Centro y Sur Bolívar. y otros del interior del país, han afincado su ejercicio profesional en esta urbe.

Pero el exceso y la intriga sobrepasa la sensatez y la sana crítica al pretender invalidar a servidores públicos vinculados a la actual administración que aun siendo cartageneros han estado por fuera de la ciudad en el ejercicio de sus formaciones profesionales.

Tampoco se pronuncian estos xenófobos criollos sobre veedores ciudadanos que también venidos de otras regiones de Colombia como Barranquilla y Magangué, entre otras, que anclando en la ciudad de Cartagena su ejercicio fiscalizador han llegado al extremo de irrespetar a las autoridades debidamente constituidas y hasta aspirar a gobernarnos.

¿Y qué decir del origen de nacimiento de muchos de nuestros alcaldes elegidos, Ovejas, Pendales, Tadó, San Onofre, Mompox y San Antero?

Por favor, no más odios.